100 kilómetros

Desde mi ventana contemplo un mar de piedra sobre un cielo de un intenso azul huérfano de nubes blancas. Faltan quince días para que la caminata eche a andar culminando por un lado un fuerte vínculo que se forja por quienes han creído en este proyecto y por otro por la necesidad inquebrantable de creer en una Institución cuya Secretaría permanece alejada de la esencia penitenciaria y de sus trabajadores, de los funcionarios de Prisiones, verdaderos y únicos protagonistas de esta historia.

En esta caminata vemos la fortaleza, la determinación incomparable por querer cambiar el curso de unos acontecimientos que no nos merecemos, que ningún compañero se merece. Es cierto que carecemos de los medios para llevarlo a cabo, es cierto que no poseemos las herramientas penitenciarias para alcanzar dicho fin, es cierto que no compilamos la fuerza que requiere un cambio de esta magnitud, es cierto que no alcanzamos los sillones administrativos para inculcar la fuerza interior de este cambio, es cierto que somos pocos, muy pocos, es cierto que no congregamos multitud de medios radiotelevisivos a nuestra disposición y nuestros teléfonos móviles no guardan los números de los grandes espadas de la primera línea política, es cierto.

Pero también es innegable e incontestable que el pensamiento que nutre los esfuerzos con los que cada día que cruzamos el portón de un centro penitenciario hacen posible que la ilusión de este empeño personal se tornen verosímiles. Este cambio que buscamos provocar en la conciencia de cada funcionario, de cada político penitenciario no aparecerá como una epifanía sobrenatural, como una revelación mística, esotérica y antiquísima. Lo hacemos a través del esfuerzo personal y en este caso también físico, de un consentimiento y sacrificio familiar en la mayoría de nosotros cuyo respeto permite que nos ausentemos de nuestras obligaciones como padres y madres para, reservando un espacio que en muchos casos, como en la fecha señalada, es el único posible.

Arriesgamos y multiplicamos los esfuerzos de cada uno de nosotros pues la recompensa personal y profesional es grande y ahora en este momento, tan posible, que nada nos va a detener. Poco a poco nos vamos dando cuenta los funcionarios de Prisiones, cada uno de nosotros de que perseguimos un objetivo común, una causa que nos es propia y que encaja con perfección en aquello que deseamos fervientemente. Nuestra Dignificación.

A veces el Político penitenciario cuya temporalidad en el cargo ha revelado que tiende con relativa facilidad a enturbiarse cuando rozan y gozan del poder del que han sido investidos. La perspectiva de un cargo de poder, de grandeza, de dominio de una razón única ha hecho que se alejen de una realidad que no es la que se ve desde la acristalada ventana de cada pecera. La reinserción es inaplicable desde lejos. Sería como cualificar la educación de tu hijo a distancia, desde un despacho, desde un cliqueo administrativo de texto instruccional de cómo enseñar y educar. Quiero hacer un breve apunte, pues a lo escrito nuestro Ministro del Interior lleva la friolera cifra de más de setecientos setenta días sin visitar un solo centro penitenciario. Rodeado de un halo de poder incontestable se descubre la terca obsesión por percibir en su persona toda la verdad penitenciaria y, lo que la reinserción nos ha enseñado es que hay esperanza incluso para quien no la merece,
que toda redención es posible y que el funcionario de prisiones es el encargado y representante principal de este hecho.

Sin riesgo no hay recompensa, y aún arriesgándonos la recompensa puede no hallarse en cada paso de los miles que daremos hasta Córdoba, pero cada paso lleva por diminuta que parezca, por minúsculas que sean las posibilidades de alcanzarla una oportunidad de victoria, de concienciación, de permitir creer en un cambio para un mundo penitenciario posible. Y lo hacemos con el valor, la intensidad, la fortaleza y la determinación que siempre ha caracterizado al penitenciario.

No hay nada que desgarre más un corazón penitenciario que contemplar con el paso del tiempo los ojos esperanzados de mis compañeros depositando toda su confianza en aquellos políticos y líderes colectivos para darse cuenta de que poco o nada se puede hacer. De que normalizar una situación adversa no se puede tolerar, pues perdida definitivamente es contemplar a merced la voluntad de quién no te merece. Debemos mantenernos firmes, liderar una línea de pensamiento de unidad, de mantener un coraje de unión, de saber que no puede haber ganadores entre nosotros, de que la vanidad penitenciaria conlleva el olvido institucional. El corazón penitenciario no conoce de categoría, de posición administrativa, de niveles, de alardeos grupales, de colores o de pobladas iniciales abecedísticas. Si la codicia va a amparar nuestro trabajo es mejor ser consciente de su nulo recorrido y dejar de engañar a quien en definitiva forma parte de ti y es extensión de tu persona.

La caminata no será más que un testamento a la resolución y arrojo de este grupo de compañeros por aportar en la medida de nuestras posibilidades un granito de arena a la causa penitenciaria y que no nos permite quedarnos atrás escondidos observando lo que sucede a nuestro alrededor. Estaremos en Jaén el día cuatro a las cinco de la tarde por una razón, por un propósito. Por Prisiones. ¿El precio que debemos pagar es un sol abrasador, unos kilómetros inacabables, un esfuerzo ímprobo? Es tiempo de reflexionar, de luchar, de moverse y de ver que los funcionarios de prisiones somos un pilar fundamental que hay que cuidar con esmero y cariño institucional. Nos guiamos por el deber y el corazón, por los principios de cualquier hombre con un corazón honrado.

No puedo dar la espalda a quienes deben estar presentes en cada pensamiento, en cada acción, en cada hecho y por supuesto en esta andada. Esta quizá sea la grandeza de todo trabajo desinteresado. En nuestro recuerdo como familia penitenciaria que somos tenemos muy presente a quienes fueron asesinados, a quienes ya no están, a quienes han fallecido por Covid y a cada uno de los compañeros y compañeras que han sido agredidos.

A los compañeros, amigos y familiares que han confiado y hecho posible este proyecto. Gracias. Con cariño mayúsculo.

karammon

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